La destrucción del patrimonio arquitectónico: Las Plantas Bajas

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La destrucción del patrimonio arquitectónico: Las Plantas Bajas

No sé si este sea el primer artículo de una serie que quise llamar “La destrucción del patrimonio”, porque honestamente se ha hecho tanto por dañarlo, de tantas formas, que podríamos discutir el tema amplia y largamente. Lo cierto es que mientras caminaba por el centro de Guadalajara, decidí empezar por uno de los males, mejor dicho epidemias, más esparcidas no solamente en esta ciudad, sino en el mundo entero: La destrucción de la “arquitectura de las plantas bajas”. Tampoco existe formalmente ese término, pero podríamos llamarlo así.

Este “virus” tiene algunas características notables: Existe en todo el mundo; es de fácil contagio; es casi invisible; la cura es muy cara, y en algunos casos no la hay. Pero lejos de seguir en el tono dramático, debemos analizar la historia de esta enfermedad y cómo la mayoría de la población, sobre todo algunas décadas atrás, se volvió inmune a dicho virus. Algunos ni siquiera lo consideran un mal.

Las víctimas son siempre las mismas: Edificios coloniales o porfirianos, muchos de gran majestuosidad, ubicados en avenidas principales de las ciudades más importantes del país. El tiempo les cambió la función: muchos de ellos fueron casonas o palacetes, luego se hicieron oficinas, para finalmente sobrevivir (apenas, muchos de ellos) como comercios y bodegas. Lo cierto es que dicho cambio de función los hizo sufrir de alteraciones, muchas veces definitivas y destructivas: la demolición de sus plantas bajas e interiores para servir propósitos comerciales.

La era del marketing y la publicidad inició como al conocemos después de la segunda guerra mundial. En la década de los 1950’s, arquitectos, urbanistas y la población en general consideraban todo lo anterior “obsoleto”. El pensamiento racional y moderno había llegado para quedarse, y por lo tanto todo lo que “oliera” a viejo, como los edificios de ventanas pequeñas, ornamentos y piedra natural parecía recordar las épocas anteriores. Las ciudades cambiaron rápidamente con el radio y la TV. No era suficiente ya tener un pequeño letrero afuera de las tiendas o comercios indicando lo que allí se vendía: era tiempo de hacer MARCA.

Las plantas bajas de los edificios antiguos resultaban obsoletas para la nueva mentalidad comercial de la posguerra. Las nuevas técnicas de construcción en acero y concreto permitían abrir grandes claros, que a su vez permitían la instalación de grandes ventanales donde la mercancía era visible desde la calle, permitiendo a los comercios llamar la atención de los transeúntes de forma más eficiente que con un simple letrero. “Espacio”, “luz” y “autoservicio” fueron los conceptos pivotales en los 1950’s que cambiaron por completo y definitivamente la configuración de los espacios comerciales en las grandes ciudades. Y los edificios sufrieron las consecuencias.

Ahora, existe un fenómeno curioso en todo esto. En Europa, el lugar donde el tiempo pasa más lento, pero que más sufrió consecuencias de la guerra, la arquitectura sufrió el menor daño (por los comercios, no así por las bombas). En América, las ciudades coloniales y neoclásicas fueron lentamente vandalizadas por el progreso urbanista. En Guadalajara, el ejemplo más dramático fueron la ampliación de los “ejes” (Juárez, 16 de Septiembre, Federalismo, Enrique Díaz de León, Hidalgo) y la planeación urbana de destrucción (Díaz Morales). No quisiera juzgar el acto hoy, con nuestra mentalidad de restauración más avanzada, sino que en retrospectiva es inevitable pensar qué soluciones diferentes pudieron haberse implementado para salvar la memoria arquitectónica y urbana de Guadalajara.

Volviendo al tema específico, encontramos una gran variedad de ejemplos de esta enfermedad urbana en la ciudad. En mi opinión existen solamente dos preguntas que deben hacerse para analizar el tema; ¿Es la solución existente de destrucción de la planta baja una solución efectiva para el comercio? Y la segunda; ¿Existirá alguna razón justificada para tratar de reparar el daño causado a los edificios, y al mismo tiempo satisfacer a los comerciantes con esa solución? No son preguntas fáciles de responder, pero yo creo firmemente que, en el primer caso la respuesta es no, y en el segundo la respuesta es sí.

Nuestra ciudad es la segunda del país y la número 72 más importante del mundo según el índice de ciudades Global City Index (clasificada como nivel Gamma) al nivel de ciudades como Rotterdam, Phoenix, San Petersburgo, Quito y Pittsburgh, y por encima de Las Vegas, Liverpool, Marsella y Bilbao. Sin embargo si aspiramos a que Guadalajara sea verdaderamente una ciudad de primer mundo, debemos poner el dedo en la llaga y tratar el tema de forma seria y responsable. Ninguna gran ciudad del mundo puede considerarse tal, si abandona y olvida su historia y patrimonio, y si no trata de resolver los problemas urbanos y arquitectónicos. Ciudades enteras dependen de su conservación urbana y arquitectónica como medio de obtención de recursos económicos gracias al turismo, que a su vez produce derrama económica local, que a su vez fortalece las instituciones bancarios y financieras de la ciudad (y de todos tipos, para ser practico).

Nuestro centro histórico tienes grandes bellezas y obras majestuosas, pero seamos pragmáticos y aceptémoslo: Nuestro centro histórico se encuentra abandonado. Cruel y vilmente. Nuestras obsoletas leyes de patrimonio, ideadas y ejercidas ya que el daño estuvo hecho, ahora hacen más daño que no. Se necesitan soluciones más simples, más eficientes y mejor implementadas para rescatarlo. Y por qué no, el rescate de las plantas bajas debería ser una prioridad, tanto para el gobierno como para los propietarios y arrendatarios de los locales que utilizan los espacios alterados. Estos últimos deben tener incentivos para hacerlo y tales incentivos podrían ser  intercambio de pagos de impuestos por obra de restauración, publicidad, y otras muchas cosas.

Conozco muchos arquitectos, urbanistas estudiantes y profesionales que estarían dispuestos a brindar su tiempo y conocimientos para elaborar un plan de rescate de las plantas bajas del centro de la ciudad. Sería un excelente punto de arranque para un rescate general del centro, ya que es relativamente sencillo y relativamente barato. Hasta la policía podría verse beneficiada con esto, ya que como Wilson y Kelling propusieron (y Rudy Giuliani llevó a cabo en Nueva York cuando fue alcalde) en su Teoría de las Ventanas Rotas, el “mantener los ambientes urbanos en buenas condiciones, puede desalentar el vandalismo y su progresión hacia crímenes más serios”. Una ciudad más bella, es una ciudad más segura.

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12 Respuestas a “La destrucción del patrimonio arquitectónico: Las Plantas Bajas

  1. Interesante, reportaje y como ciudadano de Guadalajara siempre que querido participar en algún proyecto ciudadano al respecto, donde sean los propios ciudadanos quienes tomen un inmueble abandonado o descuidado y tras las debidas reparaciones vuelva al uso, como lugares para la cultura, educación o salud social.

    • Hola Marco, lo que mencionas sería sin duda lo ideal para la ciudad. El asunto es que la ley debe apoyar a esos ciudadanos, siendo más flexible con los cambios en el interior de los inmuebles para poder convertirlos en útiles de acuerdo al estilo de vida de hoy, respetando su fachada al 100%. Saludos!

  2. EXCELENTE ¡¡¡, lo comparto en mi muro de Face, cuenten conmigo en este proyecto, mi negocio esta ubicado en una casa de esa época y aunque el interior a sido totalmente transformado, el exterior es cuidado y buscamos respetar a detalle su estilo original, cuenten con nuestra disposición a mantenerlo y mejorarlo si son su sugerencia, saludos ¡¡

    • Hola Alberto, que buena noticia. Eso funciona de maravilla en Europa, donde los inmuebles de estilos clásicos y arquitectura vernacular son remodelados por dentro y se mantienen vigentes en la vida social y económica de quienes los moran. Es la única alternativa para que la ciudad no muera. Saludos!

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  4. Saludos.
    Hace un par de meses hice una mención en uno de los sitios que hay en Facebook acerca de que sería bueno remodelar las fachadas que ya fueron alteradas procurando devolver un poco la belleza arquitectónica de la época en que fueron construidas; sin embargo, solo recibí un comentario del administrados de la página diciendo que mi comentario es ingenuo e inútil, que no tiene sentido hacer algo así.
    En lo personal creo que es posible, sería muy beneficioso para la estética y funcional en nuestro centro histórico que atraería más cosas buenas para nuestra ciudad.

    • Hola Jorge, coincido completamente contigo. Aquellas fachadas alteradas que sea posible restaurar a su estado original, debería ser política urbana. Sin duda el centro histórico recuperaría mucho carácter y se volvería una vez más un atractivo turístico en su totalidad, y no solamente algunas pocas de sus construcciones simbólicas de Guadalajara como el Hospicio o el Palacio de Gobierno.

  5. El problema radica en $$$$$. Tengo una esquina en zona comercial y oxxo la quiere. Ofrece una renta que jamas imagine y adecuaciones habitacionales en planta alta. Contrato a largo plazo que beneficia hasta mi descendencia. Y asi se ha convertido la ciudad en una mercadotecnia. Hay algun antidoto?

    • Hola Jorge, Claro que hay un antídoto! Yo también he rentado a Oxxos, 7 elevens, y otras tiendas, no solamente en edificios históricos, sino en edificios corporativos que requieren control de imagen y cuentan con estrictos lineamientos de letreros y colores. No hace falta destruir lo existente para que una tienda opere. De hecho la ventaja de estas tiendas es que se pueden adaptar a lo que haya, siempre y cuando negocíes eso como condición de renta. Aquí una foto ejemplo de un Oxxo en un centro histórico: http://patadeperro.paulaithurbide.com/wp-content/uploads/2015/03/oxxo-2-baja.jpg

      De hecho si necesitas asesoría para la creación de imagen o lineamientos para tu propiedad, con gusto puedo ayudarte con un asesoría sin costo. Saludos.

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