Los Edificios Que Guadalajara Extraña – Parte 2

Fue en 2013 cuando publiqué el artículo titulado “Los Edificios Que Guadalajara Extraña” (ver aquí). En esa ocasión, hablé de 15 edificios y una calle, La Calzada Independencia, que si bien aún existe, es completamente diferente a como era cuando se planeó y se construyó originalmente.

Algunos lectores escribieron sugiriendo algunos otros edificios que, ciertamente, le hacen mucha falta a esta ciudad. Algunos muy conocidos como el Palacio de Cañedo o varios de los hermosos Chalets de las Colonias. Otros no tan populares, pero que aun así dieron personalidad a nuestra ciudad y hoy sólo quedan en las fotografías y en los recuerdos de los tapatíos más viejos.

Aquí revisamos más lugares que la ciudad extraña. Lugares (y otras cosas) es la palabra correcta, pues aunque la mayoría son edificios, otros son lugares y objetos dentro de la ciudad que le dieron identidad (y nombre) a la Perla de Occidente.

1. Los Tranvías y su Estación (1866-1944)

La estación de tranvías y el edificio San Fernando en una tarjeta postal, c. 1920

Guadalajara en 1866 tenía unos 60,000 habitantes. Su tamaño era ya demasiado para recorrerla de lado a lado caminando, y por ello en julio de ese año, inició operaciones el primer tranvía en al ciudad. Con fuerza animal (era tirado por mulas), el tranvía recorría una sola ruta, del centro cerca de catedral hasta el Santuario de Guadalupe, un recorrido de poco menos de 1 kilómetro.

Para 1878 se formó al compañía “Tranvías de Guadalajara”, con carros tirados por caballos y fabricados por las compañías estadounidenses de John Stephenson y J.G. Brill. En 1880 y 1881, otras dos compañías entraron en operaciones, con rutas a Mexicaltzingo y San Pedro (Tlaquepaque). Para 1905, ya había tranvías eléctricos, operados por la nueva Compañía de Tranvías, Luz y Fuerza de Guadalajara.

En 1905, dicha compañía mandó construir su edificio de oficinas y taller, proyecto del Arq. Manuel de la Mora, sobre la Calzada Independencia. Ubicado ocupando la cuadra completa entre las calles Molina, Prisciliano Sánchez, Héroes y la Calzada Independencia, el edificio estaba desplantado en un solar de unos 4,200 m2. Tenía dos pisos y su arquitectura, de estilo ecléctico pero con algunas características sobresalientes como sus arcos dobles en cada ventana, se inclinaba al estilo italiano renacentista. El edificio era de dos pisos y cubierto de cantera blanca y roja. La planta baja estaba destinada para almacén de carros y góndolas, talleres de montado y reparaciones, así como despachos para el personal de servicios. En la planta alta, oficinas del director general, secretaría, contaduría y caja, despachadores y jefes de personal.

Los tranvías desparecieron en 1944, luego de que 22 años antes, en 1922, hicieran su aparición los primeros autobuses que aunque más ruidosos, eran más rápidos y más baratos de operar (el costo de la electricidad en aquellos tiempos era mayor que el de los combustibles). El edificio desapareció en los años 1950’s, y en su lugar se construyó el edificio del Periódico El Occidental, sin interés arquitectónico.

Vista del Edificio San Fernando desde la Calzada Independencia, con el monumento al centenario de la Independencia erigido allí en 1910.

 

2. Plaza de Toros El Progreso (1856-1979)

Tarjeta Postal con vista de la Plaza El Progreso después de su ampliación, con el Hospicio Cabañas al fondo.

Víctima de los picos y palas que con orgullo anunciaban la llegada de la “era moderna” a Guadalajara, la Plaza de Toros El Progreso marcó historia en esta ciudad como uno de los primeros foros multitudinarios donde los tapatíos de antaño disfrutaron de innumerables espectáculos en pleno corazón de la ciudad.

Inaugurada en 1856, diez años antes que el Teatro Degollado, su primer función fue una corrida de toros, protagonizada por el famoso Lizo Zamora quien por $50.00 lió a cinco astados provenientes de las haciendas cercanas. La Plaza era un conjunto ecléctico, construido en etapas y rodeado en buena parte por casas y edificios comerciales. Originalmente tenía un solo tendido, coronado por una arquería de cantera de diseño en carpanel. Era una plaza chica, con escala de pueblo, pero que se vivía intensamente por la cercanía del público con los toreros. Luego, se amplió eliminando la mencionada arquería y creciendo su zona techada alrededor del tendido original, creando una nueva sección de asientos. Sus dos portadas más importantes eran muy diferentes una de otra; la principal, de un estilo morisco con arcos de herradura; la otra, de estilo neoclásico.

Por más de 120 años el foro reunió a un sinfín de personalidades, desde héroes de la música y lucha libre, actos de comedia como los del Payaso Bell, ascenciones aerostáticas como las de Tranquilino Alemán, y muchos otros shows. Su último espectáculo, en enero de 1979, fue también una corrida. Manolo Arruza y Miguel Espinoza “Armillita Chico” fueron los encargados de que el público tapatío gritara los últimos “oles” en este coso con más de 12 décadas de historia. Hoy, su espacio es literalmente un vacío, llamado dolorosamente (para no olvidar) “Plaza Tapatía”.

Ingreso a la Plaza de Toros El Progreso.

 

3. Supremo Tribunal y Escuela de Jurisprudencia (1871-1940)

La Plaza Universidad, con la Escuela de Jurisprudencia en primer plano. Foto: William Henry Jackson. Color: RevisionesGDL.com

La Escuela de Jurisprudencia, parte de la Universidad de Guadalajara, formaba un conjunto importante junto a la Biblioteca Octavio Paz en la ahora llamada Plaza Universidad, en la confluencia de la Av. Juárez y la calle de Pedro Loza. Originalmente el Colegio de Santo Tomás de Aquino, el viejo edificio virreinal fue renovado en 1871 con una nueva fachada al estilo neoclásico, proyecto de David Bravo* (mismo constructor de la Penitenciaría de Escobedo, otro notable ejemplo del neoclásico en la ciudad), y que junto con su templo anexo formaba un maravilloso conjunto que tenía un nuevo uso: el Supremo Tribunal de Justicia. Fue demolido alrededor de 1940 para construir el otrora Edificio Lutecia, proyecto del. Ing. Enrique Gonzalez Madrid, de estilo regionalista, hoy también modificado. Por fortuna el templo, hoy Biblioteca, sobrevive.

Perspectiva de la Plaza Universidad, ya sin su jardín, aprox. 1920’s.

4. La Penal de Oblatos (1930-1982)

Vista general de la Penitenciaria de Oblatos, c. 1930’s

Tras el plan de demoler la Penitenciaria de Escobedo para ampliar la Av. Juárez hacia el poniente, se inició la construcción de la nueva Penal, la de Oblatos, proyecto y construcción de los ingenieros Agustín Basave del Castillo Negrete  y Filiberto López Arana.

Terminada en 1930 y diseñada para albergar 800 internos, estaba ubicada en el cruce de las calles Gómez de Mendiola y Sebastián Allende, en el Sector Libertad, la penal tenía la apariencia de un castillo medieval, “tropicalizado” a la región mediante el uso de piedra de Tezontle, en una especie de cóctel medieval-neocolonial. La penal de Oblatos estuvo concebida como un panóptico, un tipo de cárcel departamental en forma de estrella ideado por el inglés Jeremy Bentham a mediados del siglo XIX. Su diseño permitía a los guardias, apostados al centro del edificio, ver de forma rápida y directa hacia la totalidad de las celdas, obteniendo un control visual total del recinto. Oblatos estaba conformada por dos grandes departamentos: el de procesados, ubicado junto a la muralla al oriente de la ciudad, y el de sentenciados, dispuesto del lado poniente.

Para 1977 la penal albergaba 2,500 presos** y era evidente su obsolescencia. Se optó por construir una nueva, más amplia en el poblado de Puente Grande, y en 1982, de forma bruta y sin sentido, se demolió la de Oblatos apenas 52 años después de construida. Hoy en su sitio hay una Unidad Deportiva.

La Penitenciaria de Oblatos poco antes de su demolición, 1980’s.

 

5. La Companía Eléctrica de Chapala (1907-c.1950)

El edificio de oficinas de la Compañía Eléctrica de Chapala, c. 1920

Este discreto pero bien diseñado edificio fue proyecto del Arq. Guillermo de Alba. Ubicado en López Cotilla esquina Corona, en su esquina nor-oriente, fue originalmente propiedad del Lic. Verea y luego de Jesús Colón de Larreategui. Luego de fusionarse hacia 1907 todas las empresas proveedoras de electricidad en la ciudad y comunidades circunvecinas, surgió un importante monopolio encargado de dotar a la ciudad de Guadalajara de alumbrado público y de la totalidad del servicio de tranvías a base de energía eléctrica, dicha empresa fue la Compañía Hidroeléctrica e Irrigadora del Chapala, S.A.

Después de la decadencia de los tranvías en los años 1930’s, la compañía pasó a manos de capital norteamericano, y posteriormente en 1940 fue vendida a Nacional Financiera. En la década de los 1960’s, la industria eléctrica fue nacionalizada en México. Un poco antes, el edificio fue vendido a otro banco, el Banco Mercantil, que demolió impunemente el edificio y construyó un bodrio moderno e irrelevante que sobrevive hasta hoy, desentonando junto con el nuevo Hotel Fénix, una esquina que antes era muy bella.

 

6. La Casa Cañedo (1832-1946)

Vista del Palacio de los Cañedo, ca. 1910.

Ubicada en el número 36 de la calle Liceo, donde hoy se encuentra la Plaza de la Liberación, la Casa de la familia Cañedo es considerada una de las primeras casas particulares con calidad de “Palacio”, por su importancia más que su fastuosidad. También fue llamado el “Palacio de los Huesitos”, por estar pavimentado con restos de ganado el patio de la casa, provenientes de animales que la familia criaba en su hacienda de “El Cabezón”, ubicada por el rumbo de Ameca, adquirida por la familia en 1767.

El primer gran patriarca de la familia, Don Manuel Calixto Cañedo y Ximénez de Alcaraz (n. Rosario, Sin. 1727). generó fortuna explotando minas en Pánuco -cerca de Mazatlán en el actual estado de Sinaloa- asociado en esos menesteres con FranciscoJavier Vizcarra (que con el tiempo se convertiría precisamente en el Marqués de Pánuco). Don José Ignacio Cañedo y Arróniz (1795-1848), su hijo, fue quién mandó construir la casa que nos ocupa, terminándo su construcción en 1832.

André Bretón, quien visitó Guadalajara en 1938, tuvo oportunidad de visitar la casa, a la que llamó “El Palacio de la Fatalidad” por su estado ya en franco deterioro debido al abandono, ocho años antes de que el joyero Rafael Assad Trejo adquiriera la propiedad de manos de Manuel Cañedo Íñiguez y la demoliera, así sin más, para construir unos locales comerciales que a su vez, antes de terminarse, fueron expropiados por el gobierno para construir la citada plaza. Vale la pena citar a Bretón, para obtener una descripción maravillosa y fatalista de la casa:

“El edificio situado en pleno centro de la ciudad y que visité varias veces cuando estuve en Guadalajara, ¿no es acaso el palacio de la fatalidad?”. “Para llegar a su cuchitril tuvimos que atravesar un patio en verdad extravagante y ascender por auténticos peldaños de sueño. Por muy familiarizados que estén los ojos con la arquitectura y la decoración barrocas del México colonial, les resulta imposible no reaccionar en forma inusitada ante la disposición interior de esta antigua residencia de la especie más demoledora. Las escaleras son semibalaustres de un verde desteñido que llevaran a un parque. En esos descansos están instalados unos altos faroles de vía pública que se repiten en trompe l’oeil sobre los muros. Columnatas al principio reales acaban por perderse, a medida que uno avanza, en una bruma de ilusión. En los enyesados, decepcionantes cuando uno se acerca, como espejos de utilería, el color aplicado se intensifica gradualmente como si imitara un aire que se espesa o un agua estancada”. “En la galería superior, la mañana de esa visita, un hombre de elegante apariencia cantaba a voz en cuello. Yo, que estaba abajo, no podía quitarle los ojos de encima aunque otro número de espectáculos fueran dignos de llamarme la atención. Los ángulos del patio, semicubiertos y resguardados por medios improvisados, servían de refugio a familias enteras de pordioseros que se entregaban, tan a sus anchas como los gitanos en sus campamentos, a sus ocupaciones y a sus juegos. Otros grupos se habían apoderado de los espacios situados bajo las escaleras. En la penumbra lacustre se veían algunas mujeres atareadas en torno a una fuente y dos o tres hombres junto a un banco de carpintero. El cantante, que no había bajado el tono lo más mínimo mientras nos acercábamos, no pareció reparar en nuestra presencia. Era uno de esos personajes salidos allá a diario de cuadros del Greco”. “…se trataba del primogénito de la ex propietaria y que su estado mental no había permitido hasta la fecha, debido a las leyes vigentes, que la casa se vendiera y se repartiese el producto de la venta entre él y los otros dos herederos. Todavía me maravilla su soledad en aquel escenario y la milagrosa supervivencia de la época feudal que sus modales implicaban. Mientras que los bárbaros como yo acampaban a las puertas mismas de las habitaciones y minaban, con su audacia sacrílega y magnífica, ese último santuario de alas de cartón… México entero estaba allí…”.

Patio interior del Palacio de los Cañedo, también conocido como el “Palacio de los Huesitos”.

 

7. Hotel Cosmopolita (1897-1960)

El Hotel Cosmopolita poco después de terminada su contrucción, ca. 1897

Aunque fue demolido solo parcialmente (hoy se conserva su fachada hacia la calle de Ferrocarril, revisada aquí anteriormente), el Hotel Cosmopolita perdió su identidad cuando desapareció la estación de ferrocarriles de San Francisco en 1958. Al cambio del siglo 19 al 20, el Hotel Cosmopolita fue uno de los “Cinco Grandes Hoteles” de la ciudad junto con el Imperial, el García, el Fénix y el Francés. Su cercanía con la estación de ferrocarriles de San Francisco lo hacía el lugar ideal para viajeros de turismo o negocios que visitaban la ciudad, que en aquellos entonces (1900) contaba con unos 100,000 habitantes. Su fachada principal y la mitad de su construcción, el frente hacia lo que hoy es Av. 16 de Septiembre, fue demolida y en su lugar se levantan edificios sin interés.

Vista de la Estación Central de Ferrocarriles de Guadalajara, terminada en 1888. A la derecha, se alcanza a ver el Hotel Cosmopolita. c. 1900.

 

8. Chalet Manzano

Uno de los “chalets” más fastuosos de la ciudad, y mejor ubicados, era el que perteneció al coronel José Manzano Briseño, que estaba ubicado en la esquina suroeste de Av. Vallarta y Boulevard Lafayette (hoy Av. Chapultepec). La casa, diseñada por el fundador de la colonia Reforma, Henry Choistry, era una construcción ecléctica que tendía al estilo italianizado gótico, un estilo muy particular de que hoy sólo quedan los restos de la casa Gleason y el edificio que ya hemos revisado en Pino Súarez 245.

El coronel Manzano se incorporó a la Revolución Maderista en 1911, y luchó al lado del General Manual M. Diéguez, (quien a la postre fue gobernador de Jalisco y gracias a quien el coronel Manzano hizo gran fortuna). Para 1917 era ya diputado constituyente; desempeñó diversos cargos, en la administración de Venustiano Carranza, ocupó la Jefatura de Hacienda en Guadalajara; fue Secretario General del Penal de las Islas Marías en el mismo periodo en que fue director el general Francisco J. Mújica; Intendente General de la Secretaría de Gobernación; con el general Lázaro Cárdenas del Río, cuando éste fue Presidente de la República, ocupó el cargo de agente de Economía en la Secretaría de Agricultura y Fomento en Jalisco; fue Jefe de Personal de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas; y Auditor General de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas.

9. El Hotel Fénix (1912-1960)

El Hotel Fénix original (derecha) y el nuevo, en una imagen de c. 1953.

Una de las joyas perdidas de la ciudad, a la par del Hotel Imperial y el Cine Lux, el Hotel Fénix fue diseñado en 1908 e inaugurado en 1912, y diseñado por el Arquitecto Guillermo de Alba. El edificio del antiguo hotel es considerado uno de los primeros “rascacielos” de México, junto con el Hotel Ancira en Monterrey y el Regis de la Ciudad de México.

Construido por los hermanos Ramírez Urzúa, ferreteros originarios de los Altos de Jalisco, el Hotel duró poco más de 15 años en sus manos. La crisis económica mundial de 1929 pegó fuerte por lo que el hotel cerró sus puertas en 1933. Poco después vendió al Ing. Jaime Muldoon, (infame propietario del también Hotel García, demolido por su hijo para construir el polémico Edificio Mulbar) quien al ser pariente de los Barreto se los cedió en administración.

El hotel, ubicado sobre la calle de López Cotilla entre 16 de septiembre y Corona, contaba con seis niveles (un séptimo, el “Roof Garden” fue añadido en 1929 en un estilo dolorosamente contrastante, aunque fue muy popular), de una arquitectura estilo Beaux Arts. Contaba con 52 habitaciones en 5 niveles. Guardaba cierta similitud con el Edificio Mosler, que todavía existe, aunque este último es anterior. Un magnífico lobby a doble altura contenía la recepción y sales de estar, junto con unas impresionantes escaleras que conducían al sótano donde se instalaron los primeros baños turcos de la ciudad.

Para 1950, Juan José Barragán diseñó el nuevo Hotel Fénix, junto al anterior y en la esquina de López Cotilla, y fue inaugurado en 1953. Con 162 habitaciones y sótano para 84 autos, era único en su época. Luego, vino la infamia entre 1960 y 1962, cuando se demolió el antiguo edificio de Guillermo de Alba para construir un armatoste moderno, de similar arquitectura al anexo de Barragán. Parte de los interiores se salvaron y fueron instalados en el Hotel Morales.

Interior del Hotel Fénix, c. 1920

 

Referencias y Bibliografía:

  1. La ciudad imaginada: el paisaje neoclásico en Guadalajara y sus productores, Investigaciones Geográficas: Boletín del Instituto de Geografía, UNAM, Luis Felipe Cabrales B., Septiembre 2013, p. 85.
  2. Proceso, 15 de octubre de 1977.
  3. LA COMPAÑÍA HIDROELÉCTRICA E IRRIGADORA DEL CHAPALA, Sergio Valerio Ulloa
  4. Grandes Casas de México, consultado el 12-09-2019 (https://grandescasasdemexico.blogspot.com/2019/02/la-casa-de-don-alberto-robles-gil-y.html)
  5. Guerrilleros en la penitenciaría de Oblatos, Letras Históricas, Otoño-Invierno 2009, Jesús Zamora García, p.150
  6. Gaceta Municipal de Guadalajara, Junio 2018, p. 8
  7. Wikipedia: José Manzano, consultado el 19-09-2019 (https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Manzano)
  8. Milenio, “El Hotel Fénix se renueva y alista su libro”, consultado el 20-09-2019 (https://www.milenio.com/cultura/el-hotel-fenix-se-renueva-y-alista-su-libro)
  9. HRS, Historia del Hotel Fénix, consultado el 20-09-2019 (https://www.hrs.com/en/hotel/fenix-hotel/a-65071)
  10. Con la colaboración e información de Fernando Brizuela.
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