Ramón Corona 181 – Edificio Mulbar

Guadalajara Moderna / Centro Histórico

RAMÓN CORONA 181
EDIFICIO MULBAR

Esquina Madero

Arquitecto: Alejandro Zohn Rosenthal
Propietario Original: Jaime Muldoon
Año de construcción: 1974

Amado y odiado por igual por su arquitectura brutalista, escala desproporcionada y sobre todo, por haber reemplazado por su construcción al ecléctico Hotel García, el Edificio Mulbar de Alejandro Zohn es uno de esos edificios que despiertan polémica y opiniones encontradas, pero que sin duda forma parte importante del tejido urbano del Centro Histórico de Guadalajara. Zohn, mejor conocido por su opera prima, el Mercado Libertad – o San Juan de Dios -, es el héroe o villano de la historia al ser el autor de éste, sin duda, interesante edificio.

El Hotel García, también conocido como “Edificio Genoveva”, fue construido en 1907 por el Ing. Alberto Robles Gil en un estilo neoclásico. Cuando se inauguró, era el más lujoso de la ciudad, o competía por el título con el también desaparecido Hotel Imperial. El edificio estaba ubicado en la esquina de las calles Madero y Maestranza, y fue uno de los primeros hoteles de la ciudad en contar con baños individuales para cada habitación. 

Sin embargo, el Hotel García fue víctima del mismo pecado que cometió (por decirlo de alguna forma, y si fueran los edificios mismos los responsables) cuando para su construcción se demolió una casa del siglo XVII, una casona tapatía por excelencia que contaba con su famosa pilastra esquinera y balcón corrido, de esas como las que quedan muy pocas en la ciudad (ver Galeana 252 o Morelos 102). Fue el 24 de marzo de 1972 cuando los directores de Obras Públicas de Guadalajara y de la Comisión de Planeación y Urbanismo de la misma ciudad, Ing. Antonio Gómez C. y Juan Palomar y Arias, respectivamente, dictaminaron que el Edificio Genoveva, como también se le conocía al Hotel García, «carecía de valor arquitectónico e histórico», y autorizaron su demolición definitiva.*

Hotel García, esquina de Madero y Maestranza
«La Perla», en la casa de Maestranza y Placeres, demolida para la construcción del Hotel García

El debate sobre la demolición del Hotel García es siempre polémico. Yo considero que fue no sólo innecesaria su demolición sino casi criminal, si no legalmente, al menos sí artística y culturalmente. Pero ese debate lo ampliamos mejor en el artículo que escribí hace tiempo: Los Edificios que Guadalajara Extraña. Hoy nos vamos a concentrar en hablar sobre el Mulbar, de sus méritos y desméritos

El edificio representa quizá el más insigne y genuino ejemplo de arquitectura brutalista en la ciudad. Otros ilustrativos ejemplos del estilo se le deben, sobre todo, al arquitecto Félix Aceves, el más puro representante de este estilo en Guadalajara. El concreto expuesto, la creatividad estructural que se funde con el diseño de la celosía que marca definitivamente el carácter del edificio, junto con su también brutal escala lo hacen inmediatamente distinguible y memorable. Es también esta característica lo que lo hace odiado por su invasivo tamaño y no solamente por la memoria (o conocimiento, más hoy en día) de lo que se reemplazó para darle vida.

Detalle de fachada

El edificio no solamente marcó el carácter contextual del centro por su forma y su escala; también lo hizo con su programa: un edificio de usos múltiples, con un centro comercial en tres niveles coronado por seis niveles de estacionamiento público. Y es por eso que existe otra forma de leer el edificio Mulbar; Como un último intento en plena modernidad arquitectónica y urbanística, de qué el centro de la ciudad siguiera siendo comercialmente relevante. Recordemos que en esos años abrieron dos íconos comerciales tapatíos que revolucionarían la manera en que la gente compra y se entretiene: Plaza del Sol a finales de los 1969 y Plaza Patria en 1977.

Nunca más después de la construcción de estas dos “Plazas” comerciales modernas fue el centro el lugar predilecto de la sociedad tapatía para ir de compras. La sociedad tapatía estaba inmersa en el cambio generacional, los Baby Boomers aborrecían todo lo que oliera a tradición y se imitaba, hoy vemos racionalmente, el modelo norteamericano de los suburbios, lo que finalmente provocaría que el centro se empezara abandonar como epicentro comercial de toda la sociedad y que todavía hasta el día de hoy no se ha recuperado completamente. El edificio Mulbar fue un intento de llevar una tipología moderna a un centro histórico qué agonizaba habitacionalmente desde que González Gallo y Díaz Morales decidieron destruir su cuadrícula original para acomodar a los autos, amos y señores de las ciudades de la posguerra.

Detalle de fachada
Visto del edificio Mulbar desde la calle de Madero hacia el poniente.
  • *El Informador, 24-mar-1972, p. 1

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