Chapultepec Sur 287 – Casa Guerard

Casa antigua de estilo arquitectónico colonial, con un balcón en la parte superior y arcos en la planta baja, rodeada de árboles y un jardín descuidado.
Casa Guerard, fachada (autor desconocido, c. 1990)

Guadalajara Ecléctica / Colonia Reforma

CHAPULTEPEC SUR 287
CASA GUERARD

Esquina con Lerdo de Tejada
Autor: Arq. Luis Prieto y Souza
Propietarios originales: Luis Guerard Durand y María Ana González Berlanga
Año de construcción: 1919

Pensemos por un momento que la Casa Guerard siguiera como estaba hace algunas décadas. Sus tres grandes arcos quedarían abiertos hacia la avenida Chapultepec, detrás de una reja tan baja que apenas separaba el jardín de la banqueta. Los enormes faroles colgarían todavía entre los arcos y, sobre ellos, la larga galería de madera se recortaría entre las ramas de los árboles. Entraríamos por aquel portal de piedra y madera con aire de chalet campestre, cruzaríamos el jardín y subiríamos al mirador para comer o tomar una copa mientras cae la tarde.

Hoy sería, con toda seguridad, uno de los lugares de moda de Chapultepec. Tendría una terraza sombreada en la planta baja, otra abierta sobre la avenida y jardines alrededor de las habitaciones. La casa ya ofrecía desde 1919 todo lo que un restaurante o «lugar de chelas» busca: carácter, sombra, vegetación y una relación extraordinaria con la calle.

Sin embargo, los restos del chalet se encuentran cubiertos por colores excesivos, anuncios y decoraciones de un mal gusto casi voluntarioso. Parece haberse impuesto la creencia de que la música fuerte y la cerveza barata exigen un escenario igualmente ruidoso, aun cuando debajo de ese escenario sobreviva una de las casas más interesantes que tuvo el antiguo Boulevard Lafayette. Chapultepec conserva aquí una prueba especialmente incómoda de su transformación de paseo residencial a cantina.

Dibujo arquitectónico de la Casa del Señor Don Luis Guerard en Colonia Reforma, Guadalajara, mostrando la fachada con detalles de la estructura.
Casa Guerard, alzado (plano del arquitecto; restaurado digitalmente)

La casa fue construida en 1919 para Luis Guerard Durand y María Ana González Berlanga, en la esquina nororiente de Lafayette y Lerdo de Tejada, dentro de la colonia Reforma. Guerard pertenecía a la comunidad francesa establecida en Guadalajara y ocupó la vicepresidencia de su Círculo Francés. Era también socio de A. Brun y Cía., firma relacionada con El Nuevo Mundo, uno de los grandes almacenes de telas y lencería de la ciudad.

Para entonces, los comerciantes franceses llevaban varias décadas participando en la modernización de Guadalajara. Junto con alemanes, españoles y algunos empresarios mexicanos, habían sido el verdadero motor de buena parte del comercio, la banca y la primera industria regional. Sus negocios vendían mercancías importadas, financiaban nuevas empresas y levantaban grandes almacenes que introdujeron otra escala en las calles del centro. Con el tiempo invirtieron también en fábricas, bancos, terrenos y fraccionamientos.

Los nombres de sus tiendas parecían trasladar Europa a los portales tapatíos: Las Fábricas de Francia, La Ciudad de México, La Ciudad de Londres, La Ciudad de París y El Nuevo Mundo. Detrás de esos escaparates había una red de parentescos, paisanos y sociedades mercantiles que permitía mover capitales entre Guadalajara, la Ciudad de México y Francia. Muchos de aquellos inmigrantes procedían del valle de Ubaye, alrededor de Barcelonnette, en los Alpes franceses. Llegaban recomendados por algún pariente, comenzaban como empleados y podían terminar convertidos en socios de la misma casa comercial.

A. Brun y Cía. había surgido dentro de ese mundo. Sus antecedentes se remontaban a la sociedad formada en 1896 por Juan Laurens y Augusto Brun para continuar con El Nuevo Mundo. La firma cambió de socios y de nombre a lo largo de los años, aunque su actividad pronto rebasó el mostrador. Los Brun participaron con otras casas francesas en empresas textiles y después se asociaron con el Banco de Jalisco y varios inversionistas tapatíos en una compañía dedicada a comprar terrenos, fraccionar, urbanizar y otorgar préstamos hipotecarios.

Guerard se incorporó a una firma que pertenecía a la élite empresarial de la ciudad. Sus vínculos con Francia seguían vivos y viajaba a Europa con su esposa y su hijo, acompañado en la estación por amigos y paisanos. La casa de Lafayette correspondía a esa posición social y también a una nueva manera de vivir. Durante el siglo XIX, los dueños y empleados de confianza de muchos almacenes habían habitado en los pisos superiores de sus propios negocios. Abajo quedaban la tienda y la trastienda; arriba, los dormitorios, la cocina y el comedor. La prosperidad permitió después separar ambos mundos y trasladar la vida familiar hacia las nuevas colonias del poniente.

La Casa Guerard pertenece a ese momento en que el comerciante acomodado abandonaba la casa-almacén del centro y se instalaba en una residencia rodeada de jardines, con cochera, servidumbre, habitaciones ventiladas y amplios espacios para recibir. El domicilio se convertía en una expresión de la fortuna obtenida en el comercio y de una vida que continuaba mirando hacia Europa, aunque ya estuviera firmemente asentada en Guadalajara.

Imagen en blanco y negro de un edificio de piedra con arcos y un techo de metal. Dos hombres vestidos con trajes de época se encuentran de pie junto a un árbol, que ofrece sombra. El entorno muestra un ambiente tranquilo y arquitectónicamente interesante.
Casa Guerard, vista general (autor desconocido; restaurado digitalmente)

Guerard confió el proyecto a Luis Prieto y Souza, uno de los arquitectos eclécticos más interesantes de la ciudad. Prieto había nacido en Guadalajara en 1889 dentro de una familia de ingenieros y acababa de concluir sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Recibió el título de arquitecto a finales de 1918 y al año siguiente construyó esta casa, de modo que nos encontramos ante una obra temprana, realizada cuando apenas comenzaba a definir una trayectoria que después alcanzaría la docencia, la crítica y el urbanismo.

Durante esos primeros años encontró en la colonia Reforma un campo especialmente fértil. Las familias que dejaban el centro querían casas capaces de expresar una vida distinta, abiertas al jardín y liberadas de la estrechez de los predios tradicionales. Prieto Souza respondió con proyectos variados, sin someterse a una receta reconocible. En la Casa Guerard reunió el peso de la piedra, la sombra de los arcos y la ligereza de una galería de madera que parecía traída de una finca de recreo.

Vista exterior del Chalet Sr. Gerard en Guadalajara, México, mostrando su arquitectura, balcones y jardines.
Casa Guerard, vista general (postal de los años 1920; restaurado digitalmente)

La fachada hacia Lafayette estaba dominada por tres arcos de medio punto que protegían una terraza profunda. El muro tenía una superficie rústica, dividida por bandas lisas en grandes figuras irregulares. Al llegar a los arcos, estas juntas seguían la curva y hacían todavía más robustos los apoyos. La textura capturaba la luz de manera desigual, mientras el interior del pórtico permanecía oscuro y fresco.

Entre los arcos colgaban enormes faroles sostenidos por brazos de hierro. Sus cajas de vidrio y sus remates eran lo bastante grandes para intervenir en la fachada aun durante el día. De noche, debieron iluminar la terraza y hacer más visible el relieve de los muros. El arquitecto entendía que un objeto utilitario podía ser también parte esencial del carácter de la casa.

La reja del jardín era baja y esbelta. Marcaba el límite de la propiedad sin esconderla, permitiendo que desde la banqueta se vieran los arcos, las plantas y la galería superior. En las fotografías, los árboles de la avenida se atraviesan frente a la fachada y la obligan a aparecer entre ramas. La casa no dependía únicamente de sus muros: necesitaba el jardín, la reja y el arbolado para construir la imagen completa.

Anuncio antiguo sobre modelos de casas modernas en la Colonia Reforma de Guadalajara, mostrando ilustraciones de edificios residenciales.

Sobre la arquería aparecía el elemento más sorprendente del proyecto. Una larga terraza mirador, sostenida por postes de madera y cubierta por un tejado de grandes aleros, se extendía a lo largo de casi toda la fachada. Las tornapuntas diagonales reforzaban la estructura; las celosías romboidales cerraban la parte superior de los claros y pequeños remates puntiagudos recorrían la cumbrera. La carpintería tenía la soltura de una construcción campestre y contrastaba con la dureza de la planta baja.

Esa diferencia de peso es uno de los mayores aciertos de la casa. Abajo se concentran la piedra, el espesor y la sombra. Arriba dominan el aire, la madera y la transparencia. A través de la galería puede verse el cielo, de manera que el enorme tejado parece flotar sobre los arcos. La residencia tenía una presencia indudable sobre la avenida, pero nunca se convertía en un bloque pesado.

En el extremo norte, un cuerpo cerrado alojaba la escalera que conducía al mirador. Sus ventanas verticales y sus superficies más regulares interrumpían la larga sucesión de postes. Ese volumen servía de remate y concentraba la altura en un lado, dejando que el resto de la planta superior permaneciera abierto.

El ingreso al jardín tenía su propio carácter. Dos pilares de piedra con acabado rusticado sostenían piezas de madera curvas que sobresalían hacia ambos lados, formando una pequeña cubierta sobre la puerta de hierro. Junto a las dos personas que aparecen retratadas en una de las fotografías se entiende mejor su escala y también su encanto. Era una entrada modesta frente al tamaño de la fachada, aunque preparaba perfectamente el paso hacia un chalet que podía recordar por momentos a los Alpes o al Mediterráneo sin pertenecer por completo a ninguno.

Dos hombres de pie frente a una casa de piedra con un diseño arquitectónico tradicional, rodeada de árboles y un jardín.
Casa Guerard, vista general (autor desconocido; color digital)

Prieto Souza utilizó el eclecticismo con una libertad extraordinaria. Los recursos provenían de tradiciones distintas, pero estaban al servicio de espacios reales. Los arcos formaban una terraza protegida del sol; la galería de madera permitía contemplar el paseo al aire libre; el pequeño portal anunciaba el ingreso al jardín. El ornamento nunca estaba aislado de la experiencia de habitar la casa.

Los dibujos conservados muestran una versión ligeramente distinta de la que llegó a construirse. En el alzado aparecen antepechos ornamentados bajo algunos arcos, mientras las fotografías registran otras soluciones de herrería y cerramiento. También cambiaron detalles de la carpintería superior y del tratamiento rústico de los muros. Lejos de disminuir el interés del proyecto, esas variaciones permiten ver cómo la idea inicial fue ajustándose en la obra y cómo la casa continuó modificándose durante su larga vida.

Plano arquitectónico de la casa del Sr. Don Luis Gverard, mostrando distribución de habitaciones como cocina, comedor, recámaras y terrazas.

Casa Guerard, planta (plano del arquitecto; restaurado digitalmente)

La planta revela un engaño particularmente hábil. Desde Lafayette, el chalet parece tener dos niveles completos, pero casi toda la vivienda se desarrollaba en una sola planta. El mirador y la escalera concentraban la altura hacia la avenida; detrás de ellos se extendía un cuerpo relativamente compacto, rodeado por jardines.

La terraza inferior daba acceso a un largo pasillo central. A un lado se sucedían la sala —marcada en el plano como «Living Room»—, el comedor, la despensa y la cocina. Al otro se encontraban tres recámaras, dos baños y un costurero. Las visitas podían pasar directamente a las habitaciones sociales, mientras los dormitorios quedaban resguardados en la mitad privada de la casa.

El costurero resulta un detalle especialmente revelador. Una habitación completa estaba destinada a una actividad doméstica que hoy apenas dejaría rastro en un plano. La cocina quedaba al fondo, cerca de una salida secundaria, y el garaje, la bodega y el cuarto de servidumbre ocupaban un pabellón separado. La distribución expresaba con absoluta claridad la jerarquía familiar y la presencia cotidiana del servicio.

Los jardines llenaban el espacio entre esas construcciones y daban luz y ventilación directa a las habitaciones. La casa podía prescindir del patio interior que había organizado durante siglos tantas fincas tapatías. Aquí la vida doméstica se extendía hacia afuera. El pórtico, el jardín y el mirador ofrecían tres formas de disfrutar el clima: cerca de la entrada, bajo la sombra de los arcos o por encima de la reja, frente al boulevard.

La Casa Guerard resume ya algunas de las ideas que Prieto Souza defendería durante el resto de su carrera. Cada vivienda debía responder a su terreno, a las costumbres de sus habitantes y a un programa específico. Como dijo alguna vez mi buen amigo arquitecto Juan Ignacio Castiello: «Si la casa funciona en otro lugar, entonces el proyecto no es bueno» (¡o algo así recuerdo!). Los estilos históricos podían ofrecer materiales, proporciones e inspiración; copiarlos mecánicamente conducía a una arquitectura muerta. Él prefirió combinarlos con libertad y adaptarlos a la vida moderna.

Su trayectoria se volvió mucho más amplia. Escribió durante años sobre arquitectura y ciudad, impartió clases de composición, historia, geometría y teoría, y presidió la Sociedad de Arquitectos Mexicanos entre 1927 y 1928. Participó además en la planificación de Nuevo Laredo y defendió desde la prensa la regulación profesional, la vivienda para las clases media y obrera y la necesidad de ordenar el crecimiento urbano. La ligereza pintoresca de la Casa Guerard había sido concebida por un arquitecto que pensaba seriamente en la dimensión social de su oficio.

Luis Guerard murió en noviembre de 1940, a los 59 años, después de una larga enfermedad. Buena parte de la colonia francesa de Guadalajara acompañó su cortejo hasta el Cementerio Municipal. La presencia de tantas familias confirmaba el lugar que había ocupado entre sus paisanos casi veinte años después de dirigir el Círculo Francés. Su tumba quedó cubierta de flores.

La casa lo sobrevivió durante varias décadas y todavía se conservaba reconocible en los años ochenta. Después vinieron los cambios de uso y una sucesión de intervenciones que terminaron por ocultar sus proporciones y detalles. El Callejón de los Rumberos fue uno de sus ocupantes más conocidos, aunque el deterioro que hoy vemos pertenece a un proceso más largo y sería simplista atribuírselo por completo a un solo establecimiento.

Transformar una residencia en restaurante exigía instalar cocinas, sanitarios y nuevas circulaciones. La Casa Guerard ofrecía, a cambio, una estructura especialmente generosa: terrazas, jardines y una vivienda de un nivel que podía adaptarse sin perder su rostro. Había espacio para comer, conversar, beber y escuchar música dentro de una arquitectura que ya poseía toda la personalidad que el negocio necesitaba.

Vista actual de la Casa Guerard (foto: Google 2020)

Las fotografías antiguas son dolorosas porque muestran una posibilidad perfectamente real. La casa podía haber encontrado una nueva vida comercial y convertirse en uno de los sitios más atractivos de Chapultepec. Su valor arquitectónico habría sido también su ventaja económica. Bastaba entender lo que estaba allí.

Pero Guadalajara tiene una habilidad antigua para confundir adaptación con desfiguración. En vez de aprovechar los arcos, el mirador y el jardín, sucesivas intervenciones fueron cubriendo la casa hasta convertirla en una caricatura festiva. La actividad sobrevivió; el lugar perdió aquello que lo hacía distinto.

Todavía quedan suficientes fragmentos para reconocerla. Bajo los colores, los anuncios y las decoraciones actuales sobreviven los huesos de una residencia construida para un comerciante francés en los años en que su comunidad ayudaba a modernizar Guadalajara. Sobre esos mismos restos puede adivinarse la obra temprana de un arquitecto que entendía el clima, el jardín y la vida de la calle.

Construcción arquitectónica con un diseño detallado, mostrando un balcón superior de madera y arcos en la planta baja, rodeada de árboles y un ambiente urbano.

Casa Guerard, vista general (postal de los años 1920; color digital)

Chapultepec podía haber cambiado conservando esta casa. La música, la comida y la cerveza habrían cabido perfectamente bajo sus arcos y en la galería de madera. Preferimos hacer ruido también con la arquitectura. Así fuimos transformando el antiguo Boulevard Lafayette en cantina, mientras desperdiciábamos precisamente aquello que le daba carácter.

Notas y fuentes

  1. Diana Dayanira Morales Sánchez, Arquitecto Luis Prieto y Souza, testimonio de su generación, tesis de licenciatura, Facultad de Arquitectura, Universidad Nacional Autónoma de México, enero de 2008. Se consultaron los capítulos 6, «Apuntes biográficos»; 14, «Ideas del arquitecto Luis Prieto y Souza»; 15, «Producción arquitectónica», especialmente el apartado 15.1; y 17, «Conclusiones». La tesis reproduce la fachada y la planta publicadas en El Universal.
  2. Luis Prieto y Souza, «Casa construida en Guadalajara en la colonia Reforma», El Universal, 31 de agosto de 1924, tercera sección, p. 6. Consultado mediante las reproducciones y referencias incluidas en la tesis de Morales Sánchez.
  3. El Informador, «Cómo está integrada la nueva mesa directiva del Círculo Francés de esta ciudad», 3 de enero de 1922, p. 5.
  4. El Informador, «Para el Viejo Mundo», sección «De la sociedad tapatía», 5 de abril de 1925, p. 7.
  5. El Informador, «Los funerales del Sr. Guerard», sección «De la sociedad tapatía», 27 de noviembre de 1940, p. 7.
  6. Sergio Valerio Ulloa, Empresarios extranjeros en Guadalajara durante el Porfiriato, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 2002, especialmente los apartados sobre El Nuevo Mundo, la Compañía Industrial de Guadalajara y la Compañía de Fomento y Bienes Raíces de Guadalajara.
  7. Sergio Valerio Ulloa, «Almacenes comerciales franceses en Guadalajara, México (1850-1930)», América Latina en la Historia Económica, vol. 23, núm. 1, enero-abril de 2016, pp. 68-89.
  8. Sergio Valerio Ulloa, «La familia Fortoul-Gandoulf y el fondo fotográfico del museo de la Vallée en Barcelonnette, Francia», Letras Históricas, núm. 3, otoño-invierno de 2010, pp. 213-243.
  9. Sergio Valerio Ulloa, «Asociaciones empresariales en Guadalajara: Las Clases Productoras, la Cámara de Comercio y la Cámara Agrícola Jalisciense», en La nostalgia y la modernidad. Empresarios y empresas regionales de México, siglos XIX y XX, Durango, Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Juárez del Estado de Durango, 2005.
  10. Grandes casas de México, «Casa Prieto Souza / Ochoa Montes de Oca / Ochoa Hecht», 5 de diciembre de 2025. De esta fuente procede la identificación del matrimonio como Luis Guerard Durand y María Ana González Berlanga y la referencia a la conservación de la casa durante la década de 1980. Los nombres completos todavía requieren confirmación mediante documentación civil o notarial.
  11. Fotografías históricas y dibujos de la Casa Guerard proporcionados por el autor. La fachada y la planta se contrastaron con las reproducciones del proyecto publicadas en El Universal. Las fechas y autorías exactas de las fotografías permanecen pendientes de acreditar.
  12. No se ha comprobado que Guerard procediera de Barcelonnette ni que participara personalmente en las inversiones industriales e inmobiliarias realizadas por la firma Brun antes de su incorporación conocida como socio. Tampoco se ha establecido la secuencia completa de propietarios, ocupantes e intervenciones posteriores del inmueble.

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