
Guadalajara Moderna / Centro Histórico
PEDRO MORENO 114
Esquina Gerardo Suárez
Arquitecto: Juan José Barragán
Propietario Original: Domingo Carballo
Año de construcción: aprox. 1940
El Ing. Juan José Barragán fue contratado por el Sr. Domingo Carballo hacia 1940 para remodelar su casa de estilo regional. Ramiro Villaseñor la describía así:
«una casa de dos pisos, la parte baja con dos ventanas, puerta grande de entrada y dos ventanas más; en la parte superior un balcón que daba vuelta, un triple y uno doble, y su cornisa.»
Como tantas otras del centro, la casa fue modificada al ritmo de la moda del momento, y el resultado es hoy uno de los mejores ejemplos del art déco en Guadalajara. No es un dato menor: el Ing. Barragán proyectó esta fachada en la misma época en que construía el Hotel del Parque, quizá el ejemplo máximo del estilo en la ciudad.
La casa es una dicotomía. La planta baja es sencilla, utilitaria y libre de ornamento —casi invisible si no fuera por el dosel de placa de acero en estilo moderno que recorre su fachada, y por una franja de grecas en relieve que funciona como entablamento y que, curiosamente, conecta ambos niveles más de lo que los separa. La planta alta, en cambio, es una sinfonía de patrones, ornamentos y detalles modernistas que son un deleite para el ojo. Pilastras verticales pintadas en grafito se repiten rítmicamente a lo largo de ambas fachadas —la de Pedro Moreno y la de Gerardo Suárez— dándole al conjunto una unidad que solo se aprecia al rodear la esquina. Destaca la herrería de los balcones, con su motivo de espigas estilizadas, que refuerza esa unidad y divide espacialmente cada uno de los departamentos de la planta alta, recientemente remodelados con buen tino en su apariencia.
El momento más dramático del edificio es su esquina: remata en una torre escalonada coronada por un remate figurativo en punta —una suerte de pequeño obelisco con figura— que le imprime una verticalidad que la fachada frontal apenas insinúa. Es desde ahí, desde el cruce de Pedro Moreno con Gerardo Suárez, donde el edificio se revela completo. Un detalle curioso son las gárgolas en forma de serpiente, integradas en los remates de las pilastras del nivel superior: a pesar de ser una adición posterior, tienen la misma lógica estilizada y geométrica que el resto de la composición, y encajan felizmente en ella.
Maravilloso sería ver la planta baja adecuada al espíritu de la alta, para que el edificio fuera la verdadera joya modernista que casi es: de esa escala y ese estilo quedan ya muy pocos en la ciudad.





