
Guadalajara Romántica / Centro Histórico
LICEO 168
Entre Juan Manuel y San Felipe
Arquitecto: Desconocido
Propietario Original: Desconocido
Año de construcción: aprox. 1880
Sobre la calle de Liceo —nombrada así por el Liceo de Varones que allí se ubicó hasta 1914, y anteriormente conocida como Calle del Seminario por el edificio iniciado en 1696 e inaugurado en 1699 en el sitio donde hoy se encuentra la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres—, a media cuadra al norte de Juan Manuel y a dos de la Catedral, la casa marcada con el número 168 ejemplifica con claridad la transformación de las construcciones tapatías a lo largo del tiempo.
Desplantada sobre un terreno de más de 600 m² y con alrededor de 1,400 m² construidos, la casa es en realidad un pequeño palacete. Forma parte de un conjunto de siete inmuebles que ocupan el lado poniente de la cuadra entre Juan Manuel y San Felipe, siendo la de mayor amplitud. Su trazo irregular responde a las condiciones típicas del centro histórico. Como ocurre con muchas edificaciones de esta zona inmediata al núcleo fundacional de la ciudad, es probable que sus orígenes se remonten al siglo XVII. Con el paso del tiempo, estas casas fueron transformándose hasta adquirir, en su mayoría, su configuración actual hacia el siglo XIX, como parece ser el caso. Su arquitectura ecléctica, organizada en torno a un patio central porticado con arcos de cantera, sugiere la adaptación de una construcción primitiva de un solo nivel.
La fachada se resuelve en un esquema simétrico de dos niveles, con un ritmo constante de vanos verticales. En planta alta, las ventanas se enmarcan mediante pilastras y molduraciones de orden clásico simplificado, rematadas por frontones curvos y semicirculares que introducen cierto dinamismo dentro de una composición sobria. El eje central se enfatiza con un remate ornamental que incorpora cartela y óculo ciego, recurso eficaz para marcar la axialidad sin recurrir a gestos monumentales. Los balcones volados, con herrería de trazo fino, aportan ligereza y profundidad en contraste con la masa del muro. En planta baja, los accesos presentan proporciones más robustas, evidenciando su función original mixta —comercial y habitacional—, mientras que el zócalo en tono más oscuro ancla visualmente el edificio al plano urbano.
En el interior, el zaguán revela una intervención posterior: un plafón decorado con motivos eclécticos de influencia art nouveau, con composición centralizada, relieves vegetales estilizados y una retícula geométrica de fondo. Este elemento sugiere una actualización ornamental de inicios del siglo XX, superpuesta a una estructura más antigua.
En conjunto, se trata de una arquitectura que, sin recurrir a la monumentalidad, logra una presencia urbana notable a partir de proporción, ritmo y un ornamento contenido. Representa bien la transición entre la tradición colonial tardía y las aspiraciones modernas de la Guadalajara porfiriana. Actualmente, el inmueble alberga oficinas del Instituto Nacional de Antropología e Historia en Jalisco, que lo restauró antes de su ocupación.
Las fotografías aquí presentadas fueron tomadas en 2019, cuando el ficus frente a la casa aún permitía apreciar su fachada. Hoy el árbol ha crecido en exceso y representa un riesgo tanto para la banqueta como para el inmueble. Su presencia resulta inadecuada para una calle de estas dimensiones y sería pertinente su sustitución por una especie más compatible con el entorno urbano.




