Ficha: Pedro Loza 159 – Casa Caballero

Guadalajara Romántica / Centro Histórico

PEDRO LOZA 159

Casa Caballero

Esquina Juan Manuel

Arquitecto: Desconocido
Propietario Original: Desconocido
Año de construcción: aprox. 1750

Una de las grandes casonas del centro de la ciudad, la Casa Caballero adopta este nombre por su propietario más ilustre, don Juan Manuel Caballero de la Colina, por quien la calle de Juan Manuel lleva el nombre. A don Juan Manuel, nacido en la villa de Lanestosa, en Vizcaya, España (unos 60 km al oeste de Bilbao), se le recuerda por haber sido un gran filántropo en Guadalajara, a donde llegó a los 17 años, y donde murió en 1837 a los 67 años.

La casa hoy en día, presenta una fachada de estilo neoclásico, totalmente en cantera amarilla. Originalmente, sin embargo, es muy probable que la casa hubiera sido de estilo barrco o regional, con los elementos neoclásicos agregados de en fechas posteriores. Según la maestra Silvia Linet Flores, en el interior de la finca existen algunos capialzados trilobulados típicos de las fincas barrocas de los siglos XVII y XVIII. Es muy posible que don Juan Manuel haya adquirido la finca alrededor de 1803, año en que casó con Juan de Dios Fernández Barrena-Vizcarra, hija de Ramón Fernández-Barrena Pérez-Larraya y de Eusebia Vizcarra Castillo, propietaria de las haciendas de San Clemente y Estipac que heredó de su padre y de su abuelo, el marqués de Pánuco – Francisco Javier Vizcarra -.

La casa tiene dos plantas y se desplanta en un terreno irregular de unos 860 metros cuadrados, aunque es muy probable que originalmente haya sido mucho más grande. La planta baja presenta distintos locales comerciales con puertas de diferentes anchuras, eso fue modificado con los años pues seguramente todas tenían la misma proporción originalmente. Nueve locales comerciales distintos ocupan la planta baja, y su marquesina tallada es de fecha posterior, posiblemente de mediados del siglo 19. En esta planta destaca la puerta principal ubicada sobre el lado de la calle de Pedro Loza; de talla sencilla, enmarcada por pilastras rusticadas y una platabanda dovelada rematada por una sencilla clave que coincide en diseño con las ménsulas del balcón superior.

La planta alta, que originalmente eran las habitaciones de los propietarios y que funcionó para tal uso hasta 1976, tiene mayor detalle. Las pilastras esquineras, estriadas y de estilo corintio destacan, al igual que los balcones con elaboradas herrerías. Seguramente estos detalles fueron agregados después de 1825, época en la que se puso de moda el neoclásico en la ciudad, reemplazando todo tipo de fachadas y ornamentaciones barrocas de templos y edificios privados; una lástima. Finalmente, una balaustrada con macetones de barro encima de una marquesina con metopas y dentiles corona la construcción a lo largo de sus dos fachadas.

Hoy en día la casa se encuentra en muy buen estado, gracias a su restauración en los pasados meses. A pesar de haber sufrido múltiples cambios y modificaciones, la construcción sigue siendo uno de los ejemplos mejores conservados de antiguas casonas de la época virreinal den Guadalajara.

 

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