
Guadalajara Romántica / Centro Histórico
PEDRO MORENO 530
Ex-convento de Santa Teresa
Esquina Donato Guerra
Arquitecto: Desconocido
Propietario Original: Orden de las Carmelitas Descalzas
Año de construcción: 1695
El inmueble ubicado en la esquina de Pedro Moreno y Donato Guerra formó parte del antiguo Convento de Santa Teresa, fundado entre 1690 y 1695 por la orden de las Carmelitas Descalzas. Aunque su origen es virreinal, la arquitectura que hoy se observa es resultado de varias etapas de transformación: conserva trazas espaciales conventuales, elementos constructivos coloniales y una fachada reformulada posteriormente, probablemente entre finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX, cuando muchos edificios del centro de Guadalajara fueron adaptados a nuevos usos y lenguajes formales.
Originalmente, el convento ocupaba una superficie mucho mayor, con huertos, patios, áreas de servicio y dependencias que se extendían a lo largo de la manzana. Sus tapias daban hacia el sur, sobre la actual calle de Pedro Moreno. Tras la nacionalización de los bienes eclesiásticos derivada de las Leyes de Reforma, gran parte de estas áreas fueron fraccionadas y vendidas, dando lugar a la trama urbana actual. Este inmueble sobrevive como uno de los restos materiales de aquel conjunto conventual, aunque profundamente modificado por los usos civiles que recibió después.
La fachada exterior, de dos niveles, presenta una composición ordenada y sobria, organizada mediante ejes verticales definidos. En la planta alta destacan los balcones con herrería y vanos rematados por molduras de inspiración académica, mientras que en la planta baja predominan accesos rectangulares y elementos de carácter más funcional. El recurso más significativo del exterior es la columna esquinera tapatía, solución característica de Guadalajara hacia finales del siglo XIX, utilizada para jerarquizar la esquina y articular visualmente las dos fachadas. Junto con las cornisas corridas, balcones de hierro forjado y paños lisos, este elemento le da al edificio una presencia urbana discreta pero muy reconocible dentro del paisaje del centro histórico.
El interior revela con mayor claridad la complejidad histórica del inmueble. El edificio conserva amplios patios, corredores perimetrales, arquerías de cantera, pilares robustos y una secuencia de espacios que remiten a la arquitectura conventual novohispana. En otro sector, el patio ya restaurado muestra una lectura más limpia del conjunto: arquerías de cantera, muros encalados, corredores superiores, techumbres de madera y una iluminación cálida que permite apreciar el potencial espacial del antiguo convento.Esta superposición de épocas es uno de sus mayores valores: no se trata de un edificio congelado en su momento original, sino de una construcción que muestra, capa por capa, la manera en que el centro de Guadalajara ha reutilizado sus antiguos espacios religiosos.
Uno de los espacios más notables es el interior de lo que fue la casa del Padre Figueroa, construcción ecléctica del siglo 19. Por dentro destaca el patio interior de varios niveles, donde se conservan columnas de cantera, corredores altos, herrerías ornamentales y una escalera curva de gran presencia arquitectónica. También destaca la cubierta de vitral sobre una de las áreas interiores, de vivos tonos azules, amarillos y rojizos, probablemente añadida durante una etapa posterior de uso civil o comercial. Su diseño decorativo, junto con las escaleras y herrerías de trazo sinuoso, introduce un lenguaje más ecléctico y decimonónico típico de finales del siglo 19 y principios del 20, que contrasta con la sobriedad de los muros antiguos y la masa pétrea de las columnas. El estado actual de algunos muros, con aplanados desprendidos, restos de pintura, manchas de humedad y texturas expuestas, permite leer las distintas intervenciones sufridas por el inmueble. Lejos de restarle interés, esta condición revela la memoria material del edificio y hace visible la tensión entre abandono, restauración y adaptación contemporánea.
A lo largo del tiempo, el edificio ha tenido diversos usos, entre ellos cuartel militar, restaurante y, más recientemente, salón de eventos. Cada una de estas adaptaciones dejó huellas visibles en su arquitectura. El resultado es un inmueble de enorme interés histórico y espacial, no sólo por su origen ligado al antiguo Convento de Santa Teresa, sino porque permite observar la transformación de Guadalajara desde la ciudad conventual del periodo virreinal hasta el centro urbano secularizado, fraccionado, reutilizado y parcialmente restaurado que conocemos hoy.









De hecho la entrada a esta edificación es por la Calle Donato Guerra número 25. La entrada por Pedro Moreno era el ingreso a la casa del Padre Figueroa, quien era el guardián del convento. Saludos
Si! Aqui uso el domicilio oficial descrito en el catastro. Saludos!